Religiosas
Junto la tradiciones relacionadas con un hecho religioso, como es la del sábado de gloria de los chiquillos dando golpes en las puertas, a la despierta, y los aguinaldos están las relacionadas con la Semana Santa, como era el septenario o los Dolores de la Virgen, cantados por coros del pueblo, con el canto del Stábat Máter Dolorosa..., que concluían el Viernes de Dolores. El domingo de Ramos, la procesión de las palmas, con la llegada a las puertas de la iglesia cerrada, y el cántico del coro entonando el Gloria Laus..., al que se unía la voz de Pascual Cánovas. El Viernes Santo, el sermón de las Siete Palabras, y los oficios de Tinieblas, con los truenos y relámpagos. Las procesiones iban precedidas del arreglo de los pasos en casas particulares, como así ocurría con el del Cristo de la Columna, en Calle Orihuela, con el de Nuestro Padre Jesús, en Calle San José, con el de Pilatos en la antigua Casa Posada o Mesón, con el de la Agonía, en Calle del Niño, y otros.
Tradición relacionada también con un hecho religioso, era, en la festividad de San Antonio Abad, ofrecer, dejando suelto por el pueblo un cerdo pequeño, al que se colocaban unas cintas en las orejas para distinguirle, al que se llamaba cerdo de San Antón, que iba engordando, y se subastaba para con lo obtenido contribuir a la celebración de la festividad. Igualmente, y con ocasión de dicha festividad de San Antonio Abad, se hacía el pan de San Antón, pan confeccionado con la masa de las llamadas «toñas» o «monas», que en otros lugares de la región llaman «pan quemado», que las mujeres adornaban acompañado de panecillos más pequeños, a los que se llamaba «pajaricas», que se comía el día del Santo, y al que los mayores decían que había que rezar un padrenuestro antes de comerlo.
Existía desde antiguo la tradición de llevar los mayos a la iglesia el día de Jueves Santo, para ser colocados en el Monumento al Santísimo Sacramento. Los «mayos» se preparaban en las casas con la antelación suficiente a la festividad, para ello colocaban semillas de legumbres en un recipiente húmedo que se colocaba en un lugar oscuro, donde germinaban las semillas, y crecían mostrando el color blanco-amarillento, que alcanzaban unos quince centímetros y algunos más, y debidamente adornados se llevaban a la iglesia en la festividad dicha.
La iglesia, en la misa mayor del día de la Ascensión, ofrecía un aspecto distinto al de las demás misas del año. Los que tenían pájaros enjaulados, principalmente jilgueros, que aquí llaman «cagarneras», los llevaban ese día a la iglesia, donde permanecían durante la misa alegrándola con sus cantos.
El día de las almas, 2 de noviembre, en señal de respeto a los difuntos, se hacían las camas temprano, al parecer basada en creencia antigua de que venían sus almas a descansar sobre las mismas.
Nacimiento
Normalmente se designa padrinos en el nacimiento del primer hijo, a los padrinos del matrimonio. A la salida de la iglesia, después de efectuado el bautismo, los más rumbosos, acostumbraban a tirar monedas y caramelos a los «chiquillos» que acudían. Éstos, cuando no les tiraban, les seguían en el acompañamiento con la consabida coplilla del «bautizo roñoso...». Seguidamente la comida familiar, o merienda si era por la tarde, con los dulces tradicionales, monas, rollos, mantecados, etc., a la que acudían los más allegados, y en la que ponían más interés en acudir los «chiquillos».
Matrimonio
Desde antiguo vino siendo costumbre el que las jóvenes se confeccionasen y comprasen el ajuar de casa, que luego aportaban al matrimonio, contribuyendo las madres de una manera muy activa, ya que conforme iban adquiriendo el ajuar de casa, se lo guardaban en arcas y cofres. Posteriormente, cuando contraían matrimonio, solía ser objeto de comentario el ajuar que cada una había sacado. Como aportación al matrimonio, además, la mujer vino aportando durante muchos años el mobiliario de casa. E1 hombre aportaba el colchón de lana. Posteriormente, hacia los últimos años, el hombre aportaba al mobiliario lo que llamaban «la habitación de soltero», que consistía en una cama de «cuerpo», con sus correspondientes accesorios.
Sobre donación con ocasión de matrimonio en el siglo XVIII, concretamente en el año 1769, referir la que hace el matrimonio Tomás Quinto Alcaraz y Gertrudis Selles, vecinos de Albatera, con ocasión del matrimonio de su hija Gertrudis Quinto Selles, doncella, con Rafael Valero Quinto, mancebo, hijo del matrimonio Ginés Valero y Josefa Quinto, difunta, a su hija, de 159 libras y 3 sueldos, y para pago señalan los siguientes bienes:
Casa con su solar en la Calle del Mesón o Nueva (hoy Virgen de los Dolores), con la obligación de pagar censo todos los años en San Juan de Junio, de dos barchillas de trigo, a la Marquesa de Dos Aguas, Condesa de Albatera.
Un pollino de doce meses, de pelo negro. Ajuar de madera, compuesto de muebles de casa. Hierros, sartén, gradillas, tenazas, candil y una caldera de cobre. Un cedazo y un «cosio». Media docena de camisas, tres de lienzo «chabali», dos de chaval, una con varilla fina, del llamado «Novas». Un par de enaguas blancas. Tres pares de manteles, uno para la masa, y dos para la mesa. Media docena de tohallas. Media docena de servilletas blancas y otras tantas muestreadas. Ocho sábanas nuevas de lienzo. Un cobertor blanco. Una delantera para cama, pintada. Tres pares de tundas para almohadas. Un cobertor de color. Una armilla de terciopelo negro. Una basquiña de «chamelote», y un manto negro. Un guardapie de «Andiano». Unas enaguas de bayeta encarnadas. Un guardapie de tafetán verde usado. Lienzo azul para dos colchones. Ocho libras y diez sueldos en dinero efectivo para diferentes muebles y menaje de casa. Dos sábanas de lienzo de casa, que le dejó su abuela por vía de legado en su testamento.
En ocasiones, cuando en la familia o casa de la novia no querían al novio, aquella marchaba a otra casa o familia de la localidad, de cierta consideración, hasta que se celebraba el matrimonio, hecho que en la población se le llamaba «sacada por vicario». Son padrinos, normalmente, los del bautismo del novio, aunque en los últimos años, han venido siéndolo en bastantes ocasiones, el padre de la novia y la madre del novio, o viceversa. Después del matrimonio, y una vez regresaban los nuevos esposos del viaje de novios, solían ir a comer un día a casa de los padrinos, a los que llamaban «compadres», y en el lenguaje más populachero el «compaere» y la «comaere».
Fallecimiento
En el fallecimiento de un familiar, padres, hijos, esposos y hermanos, la familia guardaba lo que se llamaba «estar de luto», que suponía vestir de negro, además de otras limitaciones, que afectaban de forma más rigurosa a la mujer. Ésta, llevaba pañuelo y mantilla negra. La mantilla se llevaba unos dos años, y después se quedaba con el velo durante algunos años. No barrían, ni arrociaban la calle. Iban a misa primera, porque había menos concurrencia, no salían con las amigas, ni se pintaban.
Los vecinos llevaban a los familiares del fallecido la comida en el día del funeral, que consistía, normalmente, en cocido con gallina, y en ocasiones les llevaban la comida hasta que salían a misa, normalmente, dentro de los ocho días del fallecimiento, y se hacía por la mañana. Si el fallecimiento ocurría en vísperas de Santiago, Navidad, u otras fiestas señaladas, no se hacía el «relleno» (plato de las grandes festividades). Las mujeres iban al velatorio con mantilla o con velo.
La mona
Desde antiguo los vecinos han seguido la costumbre de salir de merienda el Lunes de Pascua, «Día de la Mona», día de alegría para todos, niños, jóvenes y mayores, ya muy de lejos la antigua tradición judeo-cristiana. Hace años lo hacían a la «Estación» y «Cabezo de las Fuentes». Posteriormente, por la década de los años veinte y siguientes décadas del presente siglo, se iba a los cabezos del «Mos del Bou» y en ocasiones al del «Pallares», donde se pasaba la tarde en Juegos campestres.
Se jugaba al «látigo», a «la gallina ciega», a «los pilares», a «las prendas», al «corro», a «formar parejas», y como el grupo en este juego era impar, siempre se quedaba una persona sola, que hacía palmas, y se rompían las parejas, para formar otras, y así sucesivamente, etc. Después la merienda, tortillas, conejo frito con tomate..., y el plato ligero o la sopada, y al anochecer, el regreso a la población, acompañado de cantos, destacando el tan conocido de «La Bella Lola».
Algunos celebraban el segundo día de Pascua, que llamaban «las sobras». Se iba al campo, principalmente al de Erundina Limorte, jugando en la zona próxima de la rambla de Algüédar. La merienda se repetía el lunes siguiente, día de San Vicente Ferrer, en que por la mañana tenían lugar los «comulgares», llevándole la Sagrada Eucaristía a enfermos impedidos. Por la tarde la merienda a los lugares de costumbre antes indicados.
La calabaza
Existía la tradición de «poner la calabaza» por los mozos en la puerta de las jóvenes, en la madrugada de la festividad de «Todos los Santos». Se asaba la calabaza y puesta en un pozal, se ponía en la puerta de las jóvenes elegidas. Por la mañana se comentaba sobre las jóvenes a las que se les había puesto calabaza y cómo habían tenido que fregar la puerta. En alguna manera era motivo de cierta vanidad femenina.
Inicialmente no pasaba más allá de la broma o «galanteo» de los «mozos» a las «mozas», pero en los últimos años, en la década de los cincuenta del presente siglo, la costumbre había degenerado en gamberrada, en algún caso hasta el punto de manchar la fachada, actitud ajena al sentido tradicional que significaba «poner la calabaza».
Los quintos: sacada de bandera
Antes del día de San José de cada año, acudían los de la «quinta» o reemplazo al Ayuntamiento para ser «medidos o tallados». El día de San José era el día en que los «quintos» «sacaban la bandera», a cuya asta se unían cintas bordadas y pañuelos de colores, que paseaban por el pueblo. En este día, formando parejas, con un pañuelo cogido por los que la formaban, iban recogiendo dinero por el pueblo, buscando a la gente y procurando que no se le escapasen. Por las noches, llenaban el pueblo de carretillas, y antes de incorporarse al ejército, organizaban la «comilona», y en tiempos pasados alguna gamberrada.
Las «rondas»
Costumbre o tradición muy generalizada en los pueblos fue la salida de los «mozos» en la noche del sábado y vísperas de festivos, paseando por la población «las peñas» o grupos de amigos, con la finalidad de «galantear» a las jóvenes de la localidad por medio de serenatas. En el pueblo, la mayor parte de las ocasiones eran tan rudimentarias que tan sólo contaban con algún aficionado al canto, no muy abundantes, pero también las hubo con música. Costumbre que en los últimos años vino desapareciendo por los cambios experimentados en la sociedad.
Las hogueras de la víspera de la noche de San Juan
En la noche del 23 de junio, víspera de San Juan, los moradores, en gran parte los jóvenes y chiquillos, acostumbraban a encender hogueras en la calle, jugando a «saltar la hoguera».
El juego del «burro»
Inicialmente, en el tiempo de carnaval, especialmente en lunes, martas, jueves y domingos, algunas mujeres se reunían en casas, y a veces en la calle, para jugar al «burro», juego de cartas con «la baraja», en las «mesas» que ya tenían larga tradición, pero en los últimos años, ya se juntaban para todo el año y en mesas fijas. Formaban «mesa», en la Carretera, en casa de Carmen Limorte (del herradero), en Calle de la Almazara, en casa de Asunción Serna Serna (Chucha), en Calle de la Virgen de los Dolores, en casa de María Gabriel (del alpargatero), en Calle Orihuela, en casa de Angelita Cánovas Berná, y en la de Salvadora Berná Serna, entre otras. Las anécdotas y las «trifulcas» se producían de vez en cuando, especialmente, cuando una llegaba tarde y se metía en el juego, pues había quien protestaba, porque «se cambiaba el juego». La costumbre estaba tan arraigada que cuentan que hace años, las que se marcharon de Albatera a Barcelona, se juntaban allí para jugar al «burro».
Las «cabañuelas»
Las «cabañuelas», pronóstico generalizado en muchos pueblos sobre el tiempo
que va a hacer en cada uno de los doce meses siguientes, es práctica o costumbre
recordada por los antiguos en el pueblo al llegar el mes de agosto, a partir de
cuyo día primero se inician las cabañuelas, correspondiendo la del día 1, al mes
de agosto, la del día 2, al mes de septiembre, y así sucesivamente, fijándose
especialmente cuando hay un día lluvioso, y así, si el día 2 de agosto llueve,
día que corresponde a la cabañuela de septiembre, se piensa o pronostica que el
mes de septiembre será lluvioso, y si llueve el día 3, que corresponde a la
cabañuela de octubre, se piensa que lo será octubre.
Los mayores, al llegar agosto, recordarán las cabañuelas, sobre todo si
alguno de los días del 1 al 12, aparecen nubes y caen algunas gotas de agua.